¿Expresión de pertenencia sin utilizar adjetivos posesivos?



En lengua castellana o española la relación de pertenencia se expresa exclusivamente con adjetivos posesivos: mi, mío, de mí; tu, tuyo, de ti; su, suyo, de él, de ella; de usted; etc.

Mi libro.
Ese cuadro es mío.
Tu niño está cerca de mí, o al lado mío.
Este ordenador es tuyo.
El auto que está detrás de él, es suyo.

Cuando nos referimos a nuestros familiares, no es cortés ni correcto lingüísticamente, decir:
El esposo está en la peluquería.
Vino a visitarme la suegra.
El hijo vive muy lejos. 

Son expresiones demasiado neutras.

Esas frases dan lugar a interrogantes
¿La esposa de quién? ¿Cuál suegra? ¿De qué hijo hablas? Por ello resulta menos distante expresar:

Mi esposo, mi suegra, mi hijo, mi cuñado, mi tío, etc.
Si alguien dijese: 
“Todavía amo al esposo” pensaríamos que se trataría de otro que no fuera el suyo; por ello es mejor utilizar correctamente los posesivos para no "escandalizar" :)

¿En dónde están las organizaciones de Derechos Humanos?



Desde hace algún tiempo he leído acerca de jóvenes violadas obligadas a casarse con su agresor, de horribles castigos a mujeres hermanas de hombres agresores en Paquistán, de chica aparentemente musulmana, condenada a muerte por haberse casado con un cristiano; pero lo que más me ha dolido de tanta injusticia ha sido ver en la prensa uno de los acontecimientos más ignominiosos realizado por el padre y los hermanos de una joven embarazada que decidió casarse con el hombre que amaba y no con quien le imponía su familia.

¿En dónde están las organizaciones de Derechos Humanos?

¿Por qué no se han pronunciado al respecto?

¿Por qué callan los grupos feministas que realizan manifestaciones hasta ridículas por asuntos sin mayor importancia y no se pronuncian respecto de la crueldad con la cual son tratadas muchísimas mujeres en el mundo?

Probablemente muchos han de decir que la Human Rights Watch produce informes de investigación sobre violaciones de normas internacionales de derechos humanos, obedeciendo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a lo que percibe como otras normas de derechos humanos aceptadas internacionalmente. 
Sé que estos informes son utilizados como base para denunciar ante la comunidad internacional los abusos y forzar a los gobiernos y a las organizaciones internacionales a efectuar reformas; pero ¿por qué no presionar para que dichas reformas sean puestas en práctica?

¿Qué es ser aforado?




A raíz de la abdicación del rey de España a comienzos de este mes, salieron en la prensa algunos titulares acerca del pedido, de quienes les corresponde, para que el rey saliente sea aforado. Algunas personas me han preguntado:

¿Qué es ser aforado?
Según mi diccionario jurídico, aforado es aquel que goza de fuero, vocablo que procede de la voz   latina forum, que significa plaza pública o tribunal de dicha plaza. Fuero es aquella competencia jurisdiccional especial que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo, por ejemplo el fuero parlamentario que tienen algunos Estados.

Sencillamente, fuero  es el derecho que tienen ciertas personas que ejerzan cargos públicos, a ser juzgados por un tribunal diferente (generalmente superior) al que correspondería de aplicarse las leyes ordinarias. Ello supone una excepción a la igualdad ante la Ley establecida en casi la totalidad de las Constituciones del mundo.


El aforamiento de autoridades depende de cada país, en Colombia, por ejemplo, según la Constitución actual son aforados: el Presidente de la República, el Fiscal General de la Nación, los Magistrados de las Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional, del Consejo de Estado y del Consejo Superior de la Judicatura.
“Las conductas irregualres cometidas por los servidores aforados constitucionalmente dan lugar a intervenciones de orden judicial-penal, disciplinaria o fiscal, según se desprenda de la naturaleza del hecho”.
El aforamiento ha de considerarse limitado al tiempo de duración del mandato. El fuero muere con el cargo, de modo que transcurrido el mandato ha de entenderse que el aforamiento desaparece. No constituye en modo alguno una exención de responsabilidad penal, sino tan sólo una especialidad en la determinación del órgano judicial competente.

Todo está demarcado para los países que tengan regímenes republicanos, en el caso de las monarquías cuyos cargos son vitalicios hay casos en los cuales los monarcas son inimputables, peligroso asunto pues significa que esos personajes estarían por encima de la Ley (eso es otro tema).

Sin embargo, conviene saber que no todo es a favor del aforado. De hecho, quien va directamente a la Corte Suprema o Tribunal Superior (según el país), se queda sin la segunda instancia, no puede recurrir; si la sentencia fuera absolutoria, le beneficiaría el que no vaya a ser revisada, pero si fuera condenatoria, se quedaría sin opciones.

El derecho al sufragio



¿Qué es el sufragio?
Es un acto o determinación de la voluntad de carácter expreso, mediante el cual una persona emite un voto en el seno de una colectividad de la que sea miembro. 

El sufragio está considerado como un derecho político por el cual un ciudadano puede elegir y ser elegido para desempañar cargos dentro de la administración pública.
La teoría y la práctica democrática del siglo XIX llevaron a la existencia del sufragio universal el cual no se encuentra limitado por condición alguna de fortuna o capacidad. Este fue implantado en Europa, tras prolongadas luchas de las clases populares a finales del siglo XIX, pues hasta entonces el voto había sido censitario (votaba quien pagara un tanto de contribución).
El sufragio universal se estableció en Francia en 1848, en los EU en 1870 (en la práctica se excluía a la población negra); en España en 1890 y en Gran Bretaña en 1918. Sin embargo no fue hasta fechas posteriores cuando se concedió el derecho de voto a la mujer.
Si en la mayoría de países occidentales poseemos el derecho al sufragio, ¿por qué no participar? ¿Por qué dejar que otros decidan por nosotros?

Ser madre en el siglo XXI


No es que los conceptos hayan cambiado, pero el rol de la mujer actual dista mucho de aquella de hace algunas décadas. Ser madre vale la pena, pero nadie ha dicho que lo que valga la pena fuera fácil, es más, si valiera la pena seguro que costaría esfuerzo.

 Cuando una jovencita va a ser madre, se le habla de muchas situaciones que podrían presentarse durante el embarazo, el parto, la lactancia y la crianza de su bebé; pero cuando se trata de una madre añosa, primeriza y, a lo mejor histérica, agobiada y estresada por todas esas cosas que probablemente por su condición de intelectual o persona muy estudiada no le dejó cerciorarse o averiguar lo que implica la maternidad, se incapacita ella misma pensando que no va a ser posible realizarlo todo; así:

No arrulla, ni le canta nanas a su cría, no enseña a alimentarse adecuadamente; anhela que duerma la mayor parte del tiempo, no le interesa estar pendiente del puré que ha de darle diariamente; cuando le encanta mucho la lectura, prefiere los libros antes que conversar con su criatura para enseñarle tempranamente la lengua materna. 
La madre actual necesita estar "on line" con sus amigas, responder los "whatsApps", colocar una imagen en twitter, ver una película, o simplemente seguir con los planes trazados con anterioridad a su maternidad y dejar que su pareja, su madre o un albergue infantil la reemplacen.
Todo ello como contraposición a la abnegación total que muchas asociaciones o madres antiguas defiendan.
Es posible que el nuevo modelo de crianza de un bebé, con el tiempo, resulte ser más práctico, podrían ser personas mucho más independientes, pero quizás menos cariñosas y sin ninguna fecha especial para recordar o celebrar el amor materno.