Sufragio femenino



Nadie en el tercer milenio piensa en lo duro que debió ser la existencia de todas esas mujeres que lucharon por sus derechos; aquellos de los cuales gozamos en este momento y los vemos de una manera tan natural, como si todo hubiese sido tan fácil para acercarse a una mesa de votación para sufragar.
Hace unos meses he visto el film “Las sufragistas”, en verdad, hasta ese momento no había reparado que, en el pasado, muchas mujeres arriesgaron su vida, su derecho a vivir dignamente y hasta su reputación por luchar por una causa noble; es posible que en algunos momentos sus métodos no fuesen los adecuados, luego comenzaron una resistencia civil, hasta que, eventualmente lograron  el apoyo anhelado y suficiente para que pudiesen lograrse sus objetivos.
El movimiento sufragista tuvo que funcionar en un ambiente supremamente hostil y debieron ser innumerables las relaciones e interacciones para que no se apagara la llama que la impulsaba, aunque existiesen factores en contra. Como resultado de las acciones, se generaron respuestas injustas y desproporcionadas de un sistema en extremo represivo. No  solo de las autoridades sino también recibieron el menosprecio en las fábricas donde trabajaban, en los sitios donde vivían y hasta en sus propios hogares.
Si bien era evidente la injusticia subyacente en la situación que se quería cambiar, al final fue mayor el compromiso de muchas personas convencidas de la causa dispuestas a realizar grandes o pequeñas tareas; incluso de asumir sacrificios, humillaciones y experimentar el sufrimiento gracias al liderezgo capaz y estratégico, el cual puede desarrollar poderes simbólicos de organización y compromiso.

Volverse una mujer sufragista significaba las presiones moralistas, ser señalada por otras mujeres, por los vecinos y familiares; asumir las tareas de la organización e inevitablemente aceptar la cárcel, las huelgas de hambre, alimentaciones forzadas y, en general, riesgos no sólo personales sino también económicos.
Millones de gracias a Emmeline Pankhurst (1858-1928), activista política británica y líder del movimiento de las sufragistas y a todas sus seguidoras quienes lucharon por el derecho de las mujeres a votar en Gran Bretaña, a comienzos del siglo veinte. Sembraron las semillas necesarias para que poco a poco las mujeres comenzáramos a tener más libertad.
Según Wikipedia, en 1869 se aprobó el sufragio femenino en Nueva Zelanda, el derecho a ser elegida, en 1919. En otros países:
1907, Finlandia, pocos años después Noeruega y Suecia.
1917, Rusia.
1920, Estados Unidos.
1927, Uruguay.
1931, España
1944, Francia
1947, Argentina
1949, Chile
1953, México
1957, Colombia; etc.

La incidencia de los dispositivos móviles en nuestra cotidianidad



Desde su aparición en escena, Internet y aquello que optamos por llamar nuevas tecnologías, ha dado un giro de 180° al diario vivir de nuestra sociedad. Muchas actividades han cambiado desde entonces, dejamos de comprar la prensa porque nos llegan las noticias a nuestros dispositivos móviles; los medios se vieron en comienzo afectados por la irrupción de noticias sin control, pero pronto también enriquecieron su manera de informar al hacer uso de todo aquello que hayan encontrado en la red.

Las posibilidades de todo tipo se han hecho casi infinitas, cambios profundos muy positivos hemos tenido en el tercer milenio de nuestra era, estoy segura que todos los hemos palpado; sólo veo algo preocupante: cada persona anda embelesada con su iPhone, su iPad, su smartphone, cualquiera que sea la marca del dispositivo móvil está incidiendo en nuestra cotidianidad y en la manera de comunicarnos pues ahora está un poco difícil conversar personalmente puesto que la mayoría de la población está ocupada contestando algún mensaje, observando un video o enviando una foto.

Si bien, quienes consigan adaptarse a las noveles situaciones han de sobrevivir perfectamente frente a aquellos que podrían sucumbir al enfrentar negativamente el avenir; no podemos echar por la borda la empatía, el bienestar y el afecto que debemos a nuestros familiares y amigos. No nos olvidemos de nuestros mayores, de encontrarnos realmente con ellos apagando por un momento la comunicación virtual.
Son fabulosas las tecnologías de comunicación, aprovechémoslas sin olvidar el aspecto social de nuestro entorno :)

Vivamos el 2018 con optimismo





El 2017 estuvo lleno de noticias que, de alguna manera, van a pasar a la historia, de ellas deduzco que hay muchas razones para comenzar el 2018 con optimismo por un futuro mejor:


La propuesta de la Comisión Europea para ampliar la prohibición de tres neonicotinoides peligrosos para las abejas se discutirá y se podría someter a votación en Bruselas.  

Debido a la preocupación que genera la presencia de plástico en los mares, en febrero del 2017 la Unep lanzó la campaña Clean Seas (mares limpios), una iniciativa global que busca acabar con la basura marina hasta el 2022 con buena voluntad no sólo de los gobiernos sino de todos los ciudadanos. Esperemos que la UE también acuerde regulaciones con respecto a la obsolescencia programada y los desechos electrónicos.


Una veintena de países y seis provincias o estados federados se han unido en una alianza internacional para eliminar gradualmente el carbón en la producción de electricidad antes de 2030. La alianza, que no es legalmente vinculante, aspira a tener 50 miembros para la próxima cumbre climática de Naciones Unidas en 2018 que se realizará en Katowice (Polonia).


China estudia prohibir la producción y la venta de vehículos que funcionen con combustibles fósiles (gasolina y diésel), esa decisión podría revolucionar al sector a nivel mundial y dar un impulso definitivo a los coches eléctricos.

Volvo empezará a vender su primer carro 100% eléctrico en China en 2019. Volkswagen, hacia el 2020. Ford anunció su primer carro híbrido para principios de este año y espera que el 70% de sus vehículos en China sean eléctricos, en 2025; aunque las baterías de los coches eléctricos usan litio, que también contaminan.

_Lo he dicho: optimismo, confianza, tranquilidad, pensemos en positivo, veamos el lado amable de todos los acontecimientos, hasta el más triste podría dejarnos una lección. El cambio climático no es un problema de Estado, es un asunto de todos.

Brindemos por un 2018 maravilloso, lleno de esperanza en nuestra mente para que podamos contribuir para dejarles a nuestros hijos un mundo mejor.

Mis mejores augurios, mis queridos amigos virtuales.


Felices Fiestas



Esta es una época en la cual afloran los mejores sentimientos: el amor, la gratitud, la lealtad, la ternura, la solidaridad… Hay que recordar que el cariño no se puede envolver, hay que darlo y demostrarlo día a día.
Deseo que nunca os falte la salud, un sueño por el cual luchar, algo para aprender, un proyecto para realizar y un motivo que os dé la fuerza para seguir la marcha. ¡Felicidades!

El abeto




Según los botánicos, el abeto es un árbol de la familia de las pináceas el cual se encuentra dentro de las coníferas. Siempre ha estado vinculado a los grandes árboles que se usan para el festejo navideño, también es de los que más gustan para la decoración de un jardín o parque exterior. Posee un rasgo muy sobresaliente: la producción de resina olorosa, llamada óleo de abeto.





La posición de los conos, que es lo primero que llaman la atención, lo distinguen de otras coníferas: en los primeros es erguida mientras que en los segundos es completamente pendular. La textura de sus hojas es rígida de un hermoso color. 



Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. 
Este árbol, en la mitología nórdica simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.


Es posible que el primer árbol navideño, como se conoce en la actualidad, surgiera en Alemania, donde se implantó por primera vez en 1605 para ambientar el frío de la Navidad, comenzando así su difusión. A Finlandia llegó en 1800, mientras que a Inglaterra lo hizo en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria.