Lo que detestan los machistas

Dentro del mundo machista en que nos hemos desempeñado desde tiempos inmemoriales, me doy cuenta que a los hombres hay que tratar de entenderlos y, sobretodo, debemos conocer sus pensamientos respecto de su contraparte.

Ellos, en su mayoría, sueñan con una pareja dulce, sumisa, mansa y por encima de todo, joven. Ella debe decir siempre palabras amables, de elogio y consideración; debe sonreír aunque le acaben de clavar el puñal de la infidelidad, jamás debe reclamar ni poner en evidencia a su amo, quiero decir a su amor.


También son apetecibles las bonitas que les encante quedarse en casa, que la mantengan impecable, ordenada, decorada y con la fragancia de una deliciosa comida cuando él regrese cansado del trabajo y ella lo colme de atenciones, de ternura, de mimos y de caricias nuevas cada día.

Los machistas detestan que les echen por tierra su vanidad, que los corrijan en casa, que se les señalen cariñosamente sus errores, que se les refuten sus ideas. No soportan que la mujer sea inteligente, que tome la iniciativa en los negocios, en lo sexual, en las intervenciones públicas en la que él esté presente.

Odian que ella tenga una mejor estrategia en el trabajo, que sea más creativa que él, que olvide los enfados con mucha facilidad, que estudie y saque adelante lo que se propone.

Son los machistas quienes inventan chistes de mal gusto y ponen sobrenombres grotescos a la mujer que no se someta a sus requerimientos, a su voluntad o a su capricho: bruja, arpía, dolor de cabeza, etc.


Todas las mujeres deberíamos saber que, si bien el problema del machismo es algo que poco a poco se ha ido superando, al menos en ciertas esferas culturales, no podemos abusar de los cambios.
Ellos ya comienzan a analizar la situación, las mujeres poseemos cierta tozudez que nos permite llevar nuestras iniciativas hasta el final y los varones comienzan a estar conscientes de ello. Algunos se dan cuenta que no sólo envejece ella sino que él ya no es el mismo de antes, al menos si de potencialidades se trata, mejor ni hablar.

He presenciado el acto de mal gusto de mujeres que recriminan en público a su pareja. No puede producirse un giro de 180° en el plano de las relaciones de género; si gozamos de la compañía de un hombre más evolucionado, que se ha vuelto más humano, más racional y en definitiva no es el machista primitivo de antes, por lo menos deberíamos proporcionarle más cuidado y ternura a cambio.

2 comentarios:

Ricardo Buitrago Consuegra dijo...

Acertado el comentario. Muchas veces se es machista aunque no se pretenda serlo, el arraigo cultural que de ello hay, es dificil de vencer, pero se va haciendo y, es cierto, no seria aconsejable virar 180 grados. ¿Será venganza?

Rud dijo...

El giro de 180° sería venganza pura y dura. No hay que hacerle a otro lo que no deseemos para nosotros.
Hay que buscar el justo medio: las mujeres aceptar que nuestra contraparte masculina piensa, siente y actúa muy diferente a nosotras; y los varones discernir sobre las conveniencias de nuestras diferencias que son, a la larga, las que nos unen, ¿acaso ello no nos hace hermosamente complementarios?