Cuando alguien ha cometido un delito con conocimiento, premeditación y alevosía, sin que tenga alguna causa atenuante, esa persona debe ser castigada con todo el peso de la Ley; es decir, se le aplica la pena máxima prescrita en el Código Penal.
El reo debería cumplir completamente la sentencia dictada por un Tribunal Penal, luego de un debido proceso.
Desafortunadamente, desde hace algunos años las leyes han cambiado a favor del delincuente debido, entre otras cosas, al hacinamiento en el cual viven muchos reclusos pues las autoridades respectivas se han encargado de abarrotar de gente los penales, muchos de ellos aún sin sentencia.
Cuando la población carcelaria supera la capacidad de las edificaciones destinadas para albergar a aquellos condenados, deben construirse edificios más grandes, más seguros y con miras a que devengan en lugares de rehabilitación y no, en escuelas del delito.
La idea de rebajar las penas está bien, si esa decisión fuera tomada fundamentándose en un criterio profesional respecto de la personalidad del condenado, la naturaleza integral del delito cometido, la manera como haya sido perpetrado y las circunstancias que lo hayan rodeado; pero únicamente en el momento de dictar sentencia.
No debería ser admisible que por el hecho de haber tenido una supuesta conducta "ejemplar", los envíen a la calle sin cumplir su condena. Esto es una bofetada y un irrespeto imperdonable a las víctimas.
El hecho de que un criminal cumpla entera su sentencia, no va a resucitar al sujeto pasivo del delito, pero los familiares han de sentir que al menos se puede creer en la Justicia.
¡Protesto enérgicamente!
No deben rebajarle las penas a quienes han asesinado a sangre fría a sus parejas, algunas incluso frente a los hijos.
No se puede tener misericordia con quien no la tuvo con su víctima.


































